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sábado, 19 de mayo de 2007

En ti la maravilla

En ti veo la maravilla que sólo puede encontrarse en un ángel, celeste hasta el desnudo, orientado al deseo de ser tu deseo; ángel que llena su divina alforja de las hojas que caen de mi corazón ardiente.
En ti veo la magia trascendente de una amante muerta. Muerte que me deslumbra, como un cuadro vacío, que lleva mi suerte a la esquina del sufrimiento.
Alguna vez he de encontrarte allí, donde la vida abre los brazos como mil caminos, allí donde se cruzan los caminos que se alejan y los que andan de regreso.
Encontrarte perfecta, transparente, muerta. Muerta de misterio, de horas, de silencios despiertos, de hijos abandonados y recuerdos sin precio. Muerta de misterio como el amor indecible y la noche náufraga.

jueves, 17 de mayo de 2007

Mi madre inventó la realidad

Créame cuando le digo que en cierto modo reivindico para mí la gracia inventiva de mi madre. En cierto modo digo, porque así como yo escribía un poema, ella era un poema. Sabrá usted que cada centímetro de mi cuerpo que usé, cada metro de camino que pisé, cada altura a la que ascendí; son distancias inventadas por mi madre, humanas por herencia —aunque las luces y las sombras de los días, las estaciones invasoras, en honor a la verdad, son ajenas a su voluntad—.
Nunca pude componer mi primera canción; ella era el mismo origen de la música.
Inventaba, descubría, revelaba, descifraba, los hilos de la naturaleza, segura de encontrar, a fuerza de moldear los cabos sueltos del destino, el invento más sublime que se haya dado a los hombres desde el día en que Dios inventó a Dios. Ese día llegó. Nos puso a todos detrás de la primera puerta, y colocó su mano en el manubrio. La abrió de par en par. Mi madre inventó la realidad.